El Reflujo en Bebés

El Reflujo gastroesofágico (RGE)

El Reflujo Gastroesofágico en bebés genera mucha preocupación por las molestias causadas al bebé.

Ver a tu bebé echar comida por la boca siempre genera mucha preocupación.

"¿Estará enfermo?"

"Si no come bien ¿cómo va a ganar peso?"

Además, como tiene hambre, seguramente llorará, domirá mal y estará intranquilo.

Tiene molestias, se arquea de dolor ¿qué le pasa?

Existen dos  situaciones en las que el bebé echa comida por la boca y su importancia no es la misma, por lo que es importante conocerlas bien, aunque en ambos casos sucede, aparentemente, lo mismo: el contenido del estómago va hacia el esófago sin que el bebé haga ningún tipo de esfuerzo aparente.

Estamos hablando de:

  • Regurgitaciones.
  • Reflujo Gastroesofágico.

En ocasiones, el bebé puede estar en una situación intermedia en la que puede realizar vómitos de forma más o menos violenta debido al rechazo de algún alimento, una posible gastroenteritis u otro tipo de infección.

El estómago se contraerá de forma violenta e intentará expulsar lo que tiene dentro. El bebé puede tener dolor, ponerse pálido, sudar y su aspecto habrá empeorado.

En estos casos, es muy importante acudir de forma inmediata al pediatra, ya que uno de los mayores riesgos es la posible deshidratación que puede sufrir el bebé.

Por el contrario, en las situaciones de regurgitaciones y de reflujo gastroesofágico, lo habitual es que el bebé expulse la comida casi sin esfuerzo.el niño.

La regurgitación en bebés.

Lo que aquí vamos a llamar regurgitaciones, otros profesionales lo denominan bocanadas o también reflujo fisiológico.

En algún caso hemos llegado a escuchar "reflujo no patológico", pero no es una denominación correcta, ya que se refiere a un reflujo "poco grave" o en cualquier caso "fisiológico".

La denominación no es tan importante como entender en qué consisten y la situación en la que se encuentra nuestro bebé.

Hablamos de regurgitación del lactante como esas emisiones de contenido de alimento (habitualmente leche) que se producen, normalmente, a partir de los 15 días de vida y se pueden extender durante el primer año.

Las regurgitaciones suelen producirse:

  • Unas dos veces, o más veces al día
  • Durante más de 3 semanas.

Es muy importante descartar que haya otros síntomas acompañantes que puedan ser señal de alguna otra patología más severa.

Si el niño no tiene náuseas previas, ni hace vómitos con sangre, ni tiene irritabilidad ni dolor, ni ningún otro síntoma que nos lleve a pensar en otra causa orgánica, no hay motivos para preocuparse.

En el siguiente vídeo, la Dra. Cristina Esteve nos cuenta en qué consiste la regurgitación y qué es un “regurgitador feliz”.

En él se dan, además, varias recomendaciones para mejorar el estado de nuestros “bebés regurgitadores”.

Hasta un 70% de bebés regurgitan, así que si el tuyo lo hace, sabrás que es de lo más habitual.

Por último (aunque es lo primero que sucede), es habitual que en los primeros días de vida eche un líquido transparente que parece tiene una especie de burbujas.

Suele inquietar a la madre que acaba de dar a luz, pero no debemos darle mucha importancia: es líquido amniótico que proviene de los 9 meses que el niño ha estado rodeado de él.

Las siguientes regurgitaciones cambian de color: serán blanco-amarillentas y no serán de líquido amniótico, sino de leche.

El RGE – Reflujo Gastroesofágico – en bebés

Aproximadamente un 20% de los bebés que regurgitan (recordemos que era un 70% de los recién nacidos) tienen reflujo gastroesofágico.

En ambas situaciones los bebés echan comida por la boca ¿en qué se diferencian? ¿el bebé actúa de forma distinta?

Para poder entender estas diferencias es importante saber que el estómago del niño produce ácido y que si este se traslada a la boca, vía esófago, puede provocar mucho dolor e incomodidad en el niño.

En ocasiones, el bebé ni siquiera expulsa nada, sino que, de repente, se retira hacia atrás, arquea la espalda y manifiesta dolor.

Un bebé con reflujo gastroesofágico se manifiesta de la siguiente forma:

  • Al revés que el “regurgitador feliz”, el bebé que tiene reflujo no está cómodo, ni tranquilo. Llora con frecuencia, especialmente a la hora de comer, o cuando se tumban.
  • Manifiesta ese dolor echándose hacia atrás. Si tiene gases es más habitual que se encoja.
  • Genera una mala relación con la comida, pierde el apetito. No quiere comer o interrumpe la toma y no quiere seguir a causa del dolor.
  • No gana peso porque no come bien.
  • El aliento puede oler a leche agria (efecto del ácido) y también puede tener la lengua blanca.
  • Está muy incómodo cuando lo tumban, por lo que también puede generar una mala relación con el momento de dormirse.
  • Puede presentar algún tipo de síntoma respiratorio como la tos.

Es muy importante solucionar el reflujo gastroesofágico en el bebé, genera muchas incomodidades y una mala relación del bebé con la alimentación y el sueño.

Además, es imprescindible controlar cuanto antes el ácido, puesto que puede dañar el esófago.

En ocasiones es posible que el pediatra prescriba un tratamiento antiácido, además de echar mano de la fisioterapia y de la osteopatía para ayudar al bebé.

Como primera medida es importante modificar los hábitos de alimentación del bebé, tanto en el tipo de alimento o leche, como en la frecuencia.

A la hora de estar tumbado (especialmente si duerme), es importante que la cabeza esté ligeramente más elevada que el resto del cuerpo.

La Fisioterapia también puede jugar un papel importante en la mejoría del niño.

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